Sabelotodo
72 | Un mundial con cuarenta y ocho equipos
Juro por mi vida que no pensaba hablar del mundial. Hace un mes que tengo tres Sabelotodos en la cabeza, listos para ser escritos. Uno sobre una española que vivió quinientos días aislada en una cueva, otro sobre el himno de Escocia y otro sobre Paul Alexander, el hombre que más tiempo vivió con un pulmotor. Lo iba a relacionar con la canción de Radiohead, My Iron Lung y con el episodio de Seinfeld sobre el bubble boy. Pero maldición si no puedo pensar en otra cosa que en esta loca, loca Copa del Mundo. Escribo esto el miércoles ocho de julio, el primer día sin ningún partido del mundial y con una resaca anímica bárbara. A las cinco de la tarde, hora en la que en cualquier otro día hubiera habido un partido, tuve que salir a caminar. Compré bicarbonato de sodio para limpiar el anafe eléctrico y un pote de dulce de leche. Would a depressed person do this? preguntaría Adam Scott en Parks and Recreation, después de pasar días encerrado en su casa construyendo miniaturas con plastilina.
El video de Scaloni emocionado sin poder responder la pregunta de un periodista, un estado de ánimo que no se le vio ni siquiera en la final contra Francia hace tres años y medio, me conmueve tanto o más que el “Fer-nan-dez” de Closs cuando entra el tercer gol, o la manera en la que Julián Álvarez y Enzo Fernández gritan el gol de Messi mientras lo abrazan. Hoy dio vueltas por las redes un clip de un programa con unos ingleses hablando de la mentalidad de los argentinos, de que una vez que Argentina hizo el 1-2, la tensión se disipó porque ya en ese momento fue una certeza que pasábamos. No sé si es tan así, pero yo sí recuerdo que después del 2-2 (es decir, a los 83 minutos de partido) pensé muy claramente: “¿y si lo ganamos en los 90?”.
Está siendo un mundial bárbaro, incluso más allá de las cosas delirantes que hace Messi. Qatar también había sido un mundial bárbaro y creo que recuerdo lo mismo de Brasil 2014. (Rusia 2018 es un recuerdo extraño. Me acuerdo de que la torpe y temprana eliminación de Argentina me permitió mirar el resto de los partidos con bastante tranquilidad y placer, pero no me acuerdo tanto de la calidad de los partidos).
Lo cierto es que, en mi caso, la calidad de este mundial me resulta sorpresiva porque entré con un prejuicio muy grande. Me había parecido que la expansión de 32 a 48 equipos era una tontería, una chiquitapiación del torneo, que le quitaba prestigio y solamente sumaba ruido y que respondía, quizás, a unos intereses comerciales difusos y demagogos. Como soy un tipo bárbaro, de una humildad extraordinaria, me permito estar equivocado y reconocerlo. Más allá de algún caso puntual (siempre, en cualquier competición, hay uno o dos equipos que no dan la talla, y no siempre son los que uno espera que no lo hagan) todos los partidos fueron competitivos y entretenidos. Lo estuve pensando y, si bien no estoy del todo seguro todavía (les extiendo la conversación a ustedes, cuéntenme en los comentarios), sospecho que la expansión del mundial es apenas un hecho natural e inevitable que acompaña la forma actual del mundo. Por un lado, los scouts han perfeccionado su trabajo al punto de encontrar talentos en los rincones más extraños del mundo y, por el otro, todos los países pueden ver con total facilidad cualquier partido de cualquier liga. La información fluye con una facilidad y velocidad tal que cualquier persona en cualquier aldea minúscula puede saber cómo saca del medio el PSG de Luis Enrique o estudiar la pelota parada del Arsenal de Mikel Arteta. El mundo se ha expandido.
A diferencia de nuestro torneo local, donde la expansión de equipos subió a primera división a equipos que en circunstancias normales no estarían a la altura del desafío, creo que en el mundial el efecto es el contrario. El mundial lo juegan los mejores del mundo y hoy, en el año 2026 de nuestro Señor, los mejores son más y vienen de más lugares. A pesar de la inflación de equipos, este está resultando no solo un mundial de partidos parejos y atractivos sino también uno en el que están brillando muchas de las más grandes estrellas mundiales. La inflación no está licuando el talento.
El siguiente dato me parece bastante ilustrativo: en el Mundial de 1994, un jugador tenía un 14% de probabilidades de cruzarse con un compañero de club (ya sea jugando con o contra él) durante la fase de grupos. Hoy, en la fase de grupos del mundial 2026, ese número sube a 44% y hasta 61% desde los dieciseisavos de final. Pequeño recordatorio: en 1994, el mundial tenía veinticuatro equipos, ni siquiera treinta y dos. El treinta y dos es un número prolijo, permite que clasifiquen nada más que los dos primeros de cada grupo y que el número total de partidos sea siete es bello porque, como ya sabemos, el siete es el número mágico más poderoso. Pero sospecho que el mundo se agrandó demasiado y treinta y dos no es suficiente.
Por supuesto, esto también tiene que ver con los criterios de elegibilidad de la FIFA según los cuales un jugador puede jugar para un país o para el otro, independientemente de dónde haya nacido (y de los criterios de cada país en particular, seguramente). Selecciones más débiles se nutren de talentos que eligen jugar para los países de sus padres o antepasados en lugar de representar al país en el que o se criaron o se formaron futbolísticamente. La nacionalidad es un concepto difuso y (además de que no me parecería bien hacerlo) es imposible establecer un criterio justo y discreto que determine si un jugador puede o no jugar en tal o cual país. Podrían discutir (ustedes, yo no tengo tiempo) cuál es el sentido de un mundial si no se está midiendo el fútbol de un país contra el fútbol del otro y no son, de alguna manera, solamente dos grandes grupos de jugadores: los formados en Europa y los formados en Sudamérica (y a lo mejor ni siquiera y todo es lo mismo). Insisto, problema de ustedes. Tenemos el mundial del mundo en el que vivimos.
En el ejercicio de ser mi propio abogado del diablo (¿seré yo el diablo?) y pensar si Infantino tiene razón voy un paso más lejos y pienso que, quizás, cuarenta y ocho tampoco sea suficiente. Parece que Gianni está considerando seriamente que el próximo mundial, el del aniversario, sea con sesenta y cuatro equipos. Lamentablemente, pienso que… quizás… no está tan mal eso tampoco… ¡Escuchen lo que tengo para decir antes de escandalizarse!
Hay un solo problema, a mi entender, con el mundial de cuarenta y ocho equipos: el sistema de los ocho mejores terceros no me convence. Son más de la mitad de los terceros y creo que le quita un poco de riesgo a la fase de grupos (el desempate olímpico no ayuda en nada, por supuesto). El margen de error es demasiado grande. Ahora bien, con sesenta y cuatro equipos (reconozco que el número es escandaloso) este problema no lo tendríamos más. La cantidad de partidos para cada selección podría ser la misma (el poco elegante ocho, el culo te abrocho) y, con dieciséis grupos en lugar de doce, nuevamente solo se clasificarían los dos primeros de cada grupo a dieciseisavos de final.
Aunque escribo esto y pienso… quizás sí sea demasiado. No dejan de ser dieciséis equipos más, no sé de dónde los sacamos, y las eliminatorias empiezan a tener cada vez menos sentido. Bastante generosas son en Latinoamérica así como estamos. Aunque, si quisiera continuar en esta espiral de locura y cuestionar hasta la mesa en la que escribo… quizás las eliminatorias son un concepto anticuado. La naturaleza del mundo no es invariable. Las cosas cambian, por mucho que nos cueste aceptarlo.
Como dirían Alvy, Nacho y Rubin: ya habrá tiempo para el pulmotor después. El fútbol es lo más importante que hay en el mundo. Nos vemos en dos semanas, ya de vuelta inmersos en ese tiempo largo e impreciso que sucede entre dos mundiales.
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Creo que lo que tiene que desaparecer (y sospecho que terminará sucediendo en un par de años) es el concepto de eliminatorias continentales o por confederación. En un mundo global, eliminatorias globales.
Coincido en que es un mundial fantástico. Valoro sobre todo que no haya tantas interrupciones por faltas inexistentes y que se penalice a los jugadores que piden asistencia médica que no necesitan (triunfó Lamolina). No me gusta que haya tantos locales (tres países!!) que lógicamente clasifiquen directamente. Propondría que se haga en un país, que el anfitrión esté clasificado, que también esté clasificado el último campeón (eso se sacó y es un disparate). Otro día hablamos de fútbol local pero desde que hay campeonatos con muchos equipos se vive una declinación del mundo bover así que no sé si está tan mal