Sabelotodo
70 | El número siete
Este es el Sabelotodo número setenta. La sombra del tiempo se yergue sobre nosotros y, con la misma impunidad con la que el sol sale cada mañana, en menos de un mes se cumplirán tres años del primer Sabelotodo. Tres años en los que, cada dos semanas, me enfrento a un documento en blanco con la pretensión megalómana de explicar el universo. Hubris, como otrora explicara un Francisco de 29 años el 4 de julio del 2023 y decía, erróneamente, que hubris viene del latín cuando en verdad viene del griego. Un comienzo accidentado, pero henos aquí.
Ya que estamos, no es el tema de hoy, pero ¿de dónde viene la partícula he de “henos aquí”? Parece que es medio un misterio. El error común es creer que es una forma del verbo haber, como en he comido, pero no tiene nada que ver. Llegaron a verse igual de pura casualidad. El he de heme aquí vendría del árabe hispánico, de la partícula hä. El árabe hispánico (el camino del conocimiento se profundiza aún más) es el que se hablaba en la península ibérica y al que le debemos muchas palabras del castellano, como varias de las que empiezan con al-: almohada, alfombra, albañil. Entonces, hä se usaba para señalar algo, como “ahí está”. Un voilà árabe. Y bueno que pim que pam hele aquí. La lingüística está en la lista de cosas que me hubiera gustado estudiar si hubiera estudiado algo de verdad en lugar de “cine”.
En fin, aquí henos, setenta Sabelotodos después. Los números son solamente números, y sin embargo, el siete trae consigo un misterio. En alguno de los libros de Harry Potter, Dumbledore le dice a Harry que “siete es el número mágico más poderoso”, una frase completamente ridícula que en la novela se da por cierta sin ninguna otra explicación. Leí eso hace veinte años y me acuerdo que me llamó la atención, pero no por ridículo sino por evidente. Me llamó la atención que me hiciera sentido, que me resultara lógico que, si algún número iba ser el más poderoso, claramente tenía que ser el siete y no, por ejemplo, el quinientos sesenta y tres. Los libros de Harry Potter son siete, uno por cada año escolar en el mundo de la magia. Ni seis ni ocho.
El siete se escribe así: 7. Pero en el jardín de infantes, cuando me enseñaron los números, me dijeron que era así: 7. Esa rayita cayó en desuso, ¿no? No la veo hace años. Me parece que está mejor así, sin ella, que el siete en su estado pleno (7) tiene una elegancia particular. Es esbelto y magro, como un modelito. El 7 (y los demás números) es una herencia árabe, como el he. Al final todo estaba conectado.
El siete es un número primo, lo cual le da otro carácter misterioso, como a todos los números primos. Que sea primo quiere decir que solo es divisible por uno y por sí mismo. Si me estuviera quedando corto de caracteres para este Sabelotodo podría ganar tiempo dando de ejemplo otros números primos, como el tres, el cinco, el once, el trece, el diecisiete, el quinientos sesenta y tres. Y muchos otros más. De hecho, Euclides demostró que hay infinitos números primos. Estas cosas de la matemática a mí me parecen espectaculares. ¿Cómo vas a tener que demostrar que hay infinitos números primos? Es evidente, como que existen las nubes y el amor. Más ridículo aún me parece que la demostración exista, que demostrarlo sea posible.
Todos los números primos tienen a su favor, necesariamente, que también son números impares. Cumplir dieciocho años es mucho más importante ante la sociedad que cumplir diecisiete, pero Violeta Parra no cantó sobre volver a los dieciocho o a los dieciséis. Esta preferencia por el siete parece ser bastante universal, al menos en occidente: es el número favorito de la mayoría de las personas (según Wikipedia, que nunca miente ni inventa). Yo no tengo números favoritos porque soy un adulto, pero si lo tuviera, sería el siete.
Siete son, también, los días de la semana, los pecados capitales, los sellos, los samurais y los magníficos. Y, si no me equivoco, así como el 666 es el número del Diablo, el 777 sería el número de Dios. Para esto no encuentro una explicación muy clara. Hay que meterse en un tema que me da un poco de miedo: la numerología. Me da miedo que me haga sentido y me enloquezca. Con la matemática ordenamos y explicamos el universo, un poco lo que haría Dios para un creyente. Quizás Dios sea un numerito. (El 666, el “número de la bestia”, sí está en la Biblia, en el Libro del Apocalipsis). El 777 es un invento popular basado en repetir al siete tres veces (por la trinidad). Como a Dios le toma seis días armar el mundo y en el séptimo descansa, el siete quedó como un sinónimo de la totalidad, de lo completo y se usa cada vez que se cuenta algo importante y total, abarcador.
No me quiero pasar de rosca, pero este pasaje del Libro del Apocalipsis es impresionante:
Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, sobrevino un silencio como de media hora. Luego vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, y les dieron siete trompetas. Entonces vino otro ángel y se puso de pie junto al altar, con un incensario de oro; le entregaron una gran cantidad de incienso para que lo ofreciera, junto con las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que está delante del trono. Y de la mano del ángel, el humo del incienso subió ante Dios, con las oraciones de los santos. El ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y lo arrojó sobre la tierra: entonces hubo truenos, voces, relámpagos y terremoto. Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se prepararon para tocarlas.
Un truco literario que aprendí en mis años de taller de escritura (con mi actual compañero de editorial y amigo, Bruno Petroni, asiduo lector del Sabelotodo y al que le mandamos un saludo, es decir, yo le mando un saludo) es que la repetición crea sistema. Las cosas se justifican por su permanencia y no por relaciones de causalidad. Quiero decir: si en un texto aparece tres veces un cuervo albino, no hace falta explicar por qué hay un cuervo albino. El lector entiende, a partir de la repetición, que el cuervo albino es significativo casi en sí mismo. David Lynch es un buen ejemplo de esto. Los elementos aparentemente arbitrarios que Lynch mete a lo largo de Twin Peaks se justifican por su repetición y no por otra cosa. La habitación roja, el enano y el gigante, Bob y el hombre de un solo brazo se explican porque se repiten. Lo mismo con el hombre de la cara blanca en Carretera Perdida y el cubo azul en Mulholland Drive. La Biblia, a lo largo de toda su extensión pero especialmente en ese pasaje citado, está haciendo eso. No necesito que me digan por qué son siete ángeles con siete trompetas, lo acepto como sistema. Sea lo que sea que la Biblia quiere ser, lo que sí es sin ninguna duda es un texto literario (y probablemente el mejor de todos los tiempos). A lo mejor el siete es nuestro número favorito simplemente porque, en la arbitrariedad de la existencia humana, se fue repitiendo tanto que al final creó sistema.
Siete son los días de la semana y dos veces eso el tiempo hasta el próximo Sabelotodo. Gracias por leer durante estos tres años. Hasta la próxima.
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me equivoqué! dije que todos los números primos son impares, pero hay una excepción: el número DOS (se escribe así: 2). equivocarse es una sana tradición del sabelotodo.
Lo guardo entre mis favoritos!