Sabelotodo
73 | Himnos
El veinticuatro de junio pasado, Escocia se enfrentó a Brasil por la tercera fecha de la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Perdió tres a cero y cerró su primera participación en mundiales después de veintiocho años como uno de los peores terceros del torneo, junto a Irán, Corea del Sur y Uruguay.
Es un país simpático, Escocia. Usan gaita y tocan la pollera, o al revés, y aman a Maradona porque odian a los ingleses.

En la previa al partido contra Brasil, me llamó la atención el himno de los escoceses. Justamente, empieza con unas gaitas bien escocesas y continúa con una melodía muy bella. Me llamó la atención, además, porque no era God Save the King, el himno que, uno creería, sería el himno oficial de Escocia, país del Reino Unido.
Que los escoceses no canten Dios salve al Rey no puede ser del todo sorprendente. Como ya mencioné, los escoceses odian a los ingleses y aman a Maradona. En el 2014 hubo un referéndum, incluso, a favor o en contra de la independencia escocesa. (El “no” ganó 55-45, bastante peleado). Que se les permita cantar otra cosa distinta al que sería su himno oficial es llamativo, pero, en realidad, hay varios matices detrás de esa decisión.
En primer lugar, ya es extraño que Escocia pueda, efectivamente, participar del mundial. O Gales, o Irlanda del Norte, o la misma Inglaterra. Técnicamente, la selección debería ser la de Reino Unido. Sin embargo, las federaciones de Escocia, Gales, Irlanda del Norte e Inglaterra preceden a la FIFA y eso les permite tener sus propias selecciones. (Hay otros casos, como el de Curazao, que es parte del Reino de los Países Bajos, pero tiene su propia selección porque la corona se lo permite. Escocia, en cambio, no necesita ningún permiso).
Además de poder representar a sus países de manera autónoma en el mundial, las cuatro federaciones componen, junto a la FIFA, el IFAB: el organismo internacional que determina las reglas del fútbol. La FIFA, compuesta por más de doscientos países, tiene cuatro votos, mientras que las cuatro federaciones restantes tienen un voto cada una. Para aprobar cualquier cambio en el reglamento se necesitan seis votos a favor, con lo cual el Reino Unido tiene, efectivamente, poder de veto sobre cualquier cambio que la FIFA quiera implementar. Privilegios de haber inventado el deporte. Son como el nenito dueño de la pelota, si algo no le gusta, se va.
Bueno, pero ¿qué cantan los escoceses durante el himno? La canción tan bonita que yo escuché en el partido contra Brasil se llama Flower of Scotland y aquí la pueden escuchar ustedes:
Ese video es de un partido de rugby. La selección escocesa de rugby fue la primera en adoptar esta canción y la canta antes de sus partidos desde 1974. La selección de fútbol la usó por primera vez en 1993 y la adoptó “oficialmente” en 1997.
La canción en sí es de 1960 y pico y fue escrita por Roy Williamson, un músico folk escocés. (1960 y pico no es un año que suene muy a “himno”, a diferencia de, por ejemplo, 1813, el año en el que Blas Parera compuso la música del himno argentino).
Cuando Roy Williamson escribió la letra de Flower of Scotland decidió basarla alrededor de una batalla especifica durante la guerra de la independencia escocesa. La letra dice, entonces:
O Flower of Scotland,
When will we see your like again
That fought and died for
Your wee bit hill and glen.
And stood against him,
Proud Edward’s army,
And sent him homeward
Tae think again.
And stood against him, proud Edward’s army, and sent him homeward tae think again, es una frase bárbara porque dice, literalmente, “cuando mandamos al rey (de Inglaterra) de vuelta a su casa para que lo piense dos veces”. Eso cantan los escoceses antes de cada partido (y, en el caso del fútbol, muy probablemente antes de perderlo).
El otro matiz es que, en realidad, God Save the King no es, exactamente, el himno oficial del Reino Unido. El Reino Unido, increíblemente, no tiene una constitución escrita. El gran orgullo de los británicos es que su nación se fue formando de manera orgánica, progresivamente, y nunca tuvieron que sentarse a diagramarla, por así decirlo, ni tuvieron ninguna revolución que los obligara a hacerlo, como sí lo hicieron los estadounidenses y los franceses, por ejemplo. Las cosas fueron sucediendo y estableciéndose por uso y costumbre, podríamos decir. Parece una insensatez pero es, en verdad, una gran fuente de orgullo, una muestra de estabilidad y solidez duraderas a lo largo de los siglos.
Y de hecho, God Save the King es el himno perfecto para un reino así, porque nadie sabe bien de dónde salió. Fue apareciendo orgánicamente, de las raíces de la tierra. Se sabe, más o menos, que se “viralizó” en 1745, en apoyo al rey Jorge II ante la amenaza de Carlos Eduardo Estuardo, el pretendiente jacobita al trono. (El “bonito príncipe Carlos” le decían). Esta es toda otra historia, no es el tema de hoy ni lo será jamás. ¡Sencillamente no me interesa tanto!
En Argentina crecemos con el himno como una parte fundamental de la construcción de la identidad nacional. Tenemos himno desde antes de ser formalmente independientes, lo cantamos con fervor y lágrimas (a veces demasiado fervor y demasiadas lágrimas) y creo que, por la importancia que le damos acá, damos por sentado que los himnos tienen la misma importancia en el resto del mundo. Como las banderas. Sin embargo, Flower of Scotland es un ejemplo (un tanto extremo, es verdad) de que esto no es tan así. De hecho, durante el siglo XIX, tener himno era mal visto por los reinos europeos. Era como algo medio grasa. Era, de hecho, algo de “país nuevo” y no de una sociedad antigua, longeva, poderosa. España, de hecho y como lo habrán comprobado hace pocos días en la final del mundial, no tiene un himno como tal. Lo que suena antes de los partidos de la selección española es la Marcha Real.
El himno alemán, Deutschlandlied (se pronuncia deutschlandlied) fue oficializado como himno recién en 1922, durante la república de Weimar. Por supuesto, la letra y la música existían, pero la idea o necesidad de tener un himno era nueva, propia del siglo XX y no de los comienzos del siglo XIX, como en nuestro caso.
La música del Deutschlandlied la compuso Haydn en 1797, originalmente una canción patriótica dirigida a Francisco II, emperador del Sacro Imperio Romano (y posteriormente Francisco I -es la misma persona- del imperio austriaco). La letra del Deutschlandlied como tal, como himno de la unidad alemana, es de August Heinrich Hoffmann von Fallersleben (Hoffmann, para los amigos) y fue escrita en 1841. Es decir, la música del himno alemán en realidad es la música de otro himno, de otro país (o imperio), ni siquiera es original. Esto es muy común. La música de God Save the King fue usada por distintos países a lo largo de la historia. Al día de hoy, el himno de Lichtenstein mantiene la misma melodía que God Save the King y cambia la letra. El himno nacional como algo inherentemente propio y original, arraigado en la patria que representa, no es tan así.
Y la idea de que el himno es una cosa de “país nuevo” tiene todo el sentido del mundo. Al crear un país hay que crear, también, una identidad nacional. ¿Qué es ser “argentino”? ¿Qué es ser “francés”, después de la Revolución Francesa? ¿Qué es ser “italiano”? Estas cosas son difíciles (o imposibles) de responder, pero evidentemente los símbolos ayudan a cementar la idea de que el país existe. Es como fundar un equipo de fútbol. Podés juntar once tipos para que jueguen, pero sin escudo, sin camiseta y sin nombre, no es un equipo. En verdad, la relación es simbiótica. Con escudo, camiseta y nombre, pero sin los once tipos que jueguen a la pelota tampoco hay equipo. Esto suena conceptual, pero existe. Si quieren ver un ejemplo de algo así pueden ver un partido de River.
Nos vemos en dos semanas.
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Ame el texto entero.
re interesante todo...y creativo, creo todo pensado para poder concluir con lo de River🤦🏻♀️🤭